-Un hombre que sabe buscar a Dios, sabe también cuidar de sí mismo. ¿Cómo te mantienes?-pregunto el maestro.
-Ése es un detalle sin importancia. Mis padres son ricos y me ayudan en mi búsqueda espiritual. Gracias a ellos puedo dedicarme por entero a las cosas sagradas.

El discípulo obedeció.
A continuación, el maestro le pidió que describiese el paisaje a su alrededor.
-No puedo hacerlo .El brillo del sol me ha deslumbrado.-Un hombre que mantiene los ojos fijos en el sol. termina ciego. Un hombre que sólo busca la Luz y deja sus responsabilidades en manos de los demás, jamás encontrará lo que busca -comentó el maestro.
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