Un día, un hombre que estaba muy afligido, decidió ir a ver a un maestro zen que vivía en un templo en lo profundo de la montaña.
Al llegar, el hombre este le preguntó:
-¿Realmente deseas ser curado?
-Si no fuera así ,¿Crees que me habría molestado en venir desde tan lejos?
El maestro a su nueva pregunta afirmó:
-No digo nada extraño pues la mayoría de la gente lo hace. Acuden buscando el alivio pero no la curación que es dolorosa.
Tras decir esto, se dirigió a sus discípulos y les dijo:
- Así sufrimos por nuestros apegos y queremos liberarnos del sufrimiento sin soltarlos, es como el que quiere liberarse del dolor del hierro candente que esta en su mano sin soltar este, dejar de sufrir quiere decir dejar de aferrar.
Era un venerable maestro. En sus ojos había un reconfortante destello de paz
permanente. Sólo tenía un discípulo, al que paulatinamente iba impartiendo la
enseñanza mística.
El cielo se había teñido de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el
maestro se dirigió al discípulo y le ordenó:
–Querido mío, mi muy querido,
acércate al cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones,
comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.
El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El silencio era
sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda clase de
elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro.
–¿Qué te
respondieron los muertos? -preguntó el maestro.
–Nada dijeron.
–En ese
caso, mi muy querido amigo, vuelve al cementerio y lanza toda suerte de insultos
a los muertos.
El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A pleno pulmón, comenzó a
soltar toda clase de improperios contra los muertos. Después de unos minutos,
volvió junto al maestro, que le preguntó al instante:
–¿Qué te han respondido
los muertos?
–De nuevo nada dijeron -repuso el discípulo.
Y el maestro
concluyó:
–Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a los halagos y a
los insultos de los otros.
El Maestro dice: Quien hoy te halaga, mañana te puede insultar y
quien hoy te insulta, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced
del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo más allá de unos y
de otros.